43 Salón Nacional de Artistas


Viaje a lo Desconocido

43 Salón (Inter) Nacional de Artistas – Saber Desconocer

“El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en

buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos”

Marcel Proust

Saber la importancia de lo que nos convocaba, dio más emoción a este “viaje a lo desconocido”, el 43 Salón Nacional de Artistas, se vislumbraba en un horizonte no tan lejano que auguraba tormentas y remansos. Cada proyecto curatorial es como un viaje, siempre marcado por circunstancias particulares, el paisaje, es quizás la más fuerte de todas, pero la experiencia la complementan la gente del lugar, los compañeros de viaje y el mundo recorrido. Este viaje no era diferente, Medellín, se fijaba como destino, una ciudad que nos recibía recién galardonada con el premio a la más innovadora, un sistema de museos fuerte y su gobierno comprometido con la cultura, circunstancias favorables para el camino a recorrer.

Saber Desconocer

Definido el itinerario, dentro del concepto Saber Desconocer, el 43 Salón (Inter) Nacional de Artistas, dio la partida a este viaje, que asumí con la tarea de repensar lo hecho hasta el momento y plantear nuevas posibilidades para aquellos proyectos “de viaje” que habían estado guardados en espera de una ocasión oportuna. Como todo viaje este también obedecía a unas negociaciones o acuerdos, en este caso con los otros cuatro curadores, con quienes se trazo una hoja de ruta que en consenso pero por diversos caminos nos deberían llevar al mismo lugar. Solo o en grupo cada viaje es personal, la experiencia es individual y esta no era la excepción, pero la experiencia individual se enriquece dependiendo con quien la compartas, escoger los artistas que me acompañarían fue parte del viaje, para con ellos recorrer nuevos trayectos, desplazarnos de un lugar a otro, hacer cruces de caminos y tomar retornos que nos llevarían de regreso a muchas partes conocidas, pero también caminar senderos desconocidos que nos sembrarían la duda si continuar o volver, pero siempre perseverar para alcanzar juntos a Medellín como destino final.

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Créditos fotográficos: Ministerio de Cultura

Trayecto Inicial

El primer trayecto de todo viaje siempre es conocido, si bien nos alejamos, así sea por primera vez, el paisaje nos es familiar, el clima se mantiene y las costumbres son las mismas, a medida que viajamos y nos alejamos, estas circunstancias cambian y todo se vuelve más confuso y desconocido. Pero también este trayecto nos ata a la nostalgia, a los recuerdos que se dejan atrás y nos preguntamos cuando volveremos.

El trayecto inicial parte del Caribe, un territorio rico en manifestaciones culturales, diverso y sincrético, ¿por qué el inicio se da acá? sencillamente porque el Caribe es espacio de encuentros, su ubicación privilegiada lo convierte en corredor de paso por donde fluyen ideas, es un cruce de caminos donde confluyeron diversas culturas a través del tiempo, es un espacio de transición, de paso entre el norte y el sur. Este salón se planteo un dialogo sur – sur en contexto también con el circuito principal y el espacio que une el norte y el sur es el Caribe.

El enclave principal del Caribe es Cuba, la isla como todos saben se debate entre dos mundos, uno ideológico y otro económico en pugna constante, estas dos circunstancias han creado un contexto muy interesante para la producción plástica. Soportada en una infraestructura estatal que ha permitido la consolidación de un espacio importante para las artes como es la Bienal de la Habana, cita obligada para conocer la producción de los artistas de la región, de Latinoamérica y también de otros lugares por fuera del circuito como Asia y África.

Al igual que la isla inmersa en una paradoja, el trabajo del artista Iván Capote (Pinar del Río, Cuba. 1973) se ocupa de la contradicción, ideas plasmadas en palabras, se enfrentan a la imagen visual de ellas mismas, afirmación y negación que se oponen una a otra y recíprocamente se destruyen. En su obra titulada “Patrón II”, una serie de tres plantillas en metal con palabras que construyen el texto “todos somos iguales”, a partir de esta idea el artista toma la plantilla y dibuja sobre el muro dos circunferencias con las plantillas de las palabras en diversas posiciones, a fuerza de repetición y permutación las circunferencias generan una especie de trazado que define los círculos pero cada uno diferente del otro. En palabras del artista la obra “propone al espectador la comparación entre lo que enuncia el texto de las plantillas y lo que se ha dibujado en la pared, dos figuras geométricas aparentemente iguales pero diferentes en sus detalles”. La obra de Capote nos recuerda que no hay conceptos totales, ni verdades absolutas, todo se cierne entre las diversas posibilidades que la mente humana puede crear, entre lo que sabemos y lo que desconocemos.

El mar Caribe, extensión inmensa de aguas azules, en constante movimiento, frontera natural entre el continente y las antillas, es el tema que aborda la artista Glenda León (La Habana, Cuba. 1976), su obra titulada “Mar Interno II”, producción realizada especialmente para este salón, retoma una idea desarrollada durante su residencia en Alemania y que logra producir en la Isla de Mallorca, España en el año 2006. Para esta segunda versión grabada en las playas de Cuba, la artista presenta una video proyección de un minuto, a tres canales, sincronizada con audio, donde se escucha la respiración de la artista a juego con el video del vaivén de las olas del mar, este ejercicio sutil y delicado deviene de una experiencia vivida muy intensa con la naturaleza, más específicamente, con el aire y el mar, esta relación con la naturaleza “es un acercamiento a ella desde las esencias, a través de algo tan esencial como la propia respiración”. Mar interno II, nos propone una pausa en el viaje, un alto en el camino, un instante de reflexión, que nos permite evaluar, corregir el rumbo si es necesario para poder seguir adelante.

Nuestro viaje continua, siguiendo las huellas de Hernán Cortes, que partiría de Cuba en 1519, hacia Tenochtitlán (México), que es el titulo de la obra de Demián Flores (Oaxaca, México. 1971), exhibida en la primera planta de la Casa del Encuentro del Museo de Antioquia, Tenochtitlán, da la bienvenida al espectador con imágenes hibridas, reflexiones sobre la identidad, el territorio, la memoria y los cruces culturales, grandes ampliaciones de dibujos se irguen en los muros del espacio expositivo, configuraciones indígenas y contemporáneas, hibridaciones entre los códices mexicas y manuales de deportes, evidencia de la apropiación y trans conceptualización propias del arte contemporáneo, según Demián Flores, “hacer arte hoy es un referente que pareciera obvio, no hay arte que no se haya producido en su momento y contexto histórico específico. Sin embargo, pienso que hacer arte hoy, significa algo más allá del termino, está determinado desde una postura crítica y, sobre todo, matizado por la misma realidad porque es imposible deslindarse de ella… El artista Robert Filliou, dijo que el arte es aquello que hace que la vida sea más interesante que el arte”. La iconografía desarrollada por Flores, permite identificar signos y símbolos tanto prehispánicos como contemporáneos que se convierten en su lenguaje propio y personal.

Tanto la obra de Demián Flores como la de Sandra Monterroso (Ciudad de Guatemala, Guatemala. 1974), remiten a esa América ancestral, que se mantiene cargada de la herencia indígena y que se desarrolla de manera más amplia en la muestra “Estado Oculto” en el Museo de Arte Moderno de Medellín, curada por Rodrigo Moura como prologo de la muestra general de este Salón Nacional. Monterroso nos presenta su obra “Columna vertebral” instalación realizada con 87 faldas tradicionales hechas en telar al norte de Guatemala en la provincia de Alta Verapaz, las faldas son piezas de textil que son confeccionadas por hombres en telar de pie, pero son usadas por mujeres, portan la historia de cada una de ellas, de la comunidad y, registran hechos coloniales, postcoloniales, sobrevivientes a la guerra; las mujeres, las madres, registran por un lado la vida de estas mujeres indígenas, que en su mayoría tienen condiciones de vida muy difíciles, pero al mismo tiempo, como ellas sostienen un sistema de comercio que permite que dicho vestuario se utilice en la actualidad. Este cruce de caminos entre la herencia indígena ancestral y el arte contemporáneo es esencial para el entendimiento del arte contemporáneo latinoamericano y se toma como uno de los puntos de partida del 43 Salón (Inter) Nacional de Artistas.

En este viaje que baja por Centro America llegamos a Panamá, la historia reciente del istmo y la presencia americana en él, es parte de la reflexión que hace la artista colombo – venezolana Alexandra Gelis (Caracas, Venezuela. 1975) en su obra “Corredor, The Big Picture” instalación con tres canales de video, sonido 5.1 y sensores de movimiento, la obra alude a las barreras biopolíticas utilizadas para controlar población en la zona del Canal de Panamá y a la vez es una obra documental sobre la Escuela de las Américas, la video proyección muestra imágenes del archivo documental The Big Picture, grabado por cinematógrafos militares estadounidenses que promueven la Escuela de las Américas y su fuerza armada en un hermoso y rico país: Panamá. Igualmente una cámara Web, muestra en tiempo real el canal de Panamá, como símbolo de un país que todavía lucha contra su pasado colonialista y que en busca de una identidad, se aferra a America Latina.

Dos proyectos tienen lugar también en Ciudad de Panamá y son los trabajos de los artistas Donna Conlon (Atlanta, EE. UU. 1966) y Jonathan Harker (Quito, Ecuador. 1975) su trabajo colectivo se muestra en sendos videos, el primero de ellos titulado “Tapitapultas”, aquí los artistas utilizan elementos reciclados que hablan sobre la sociedad de consumo y la polución; numerosas tapas de refrescos se van acumulando frente al paisaje, por medio de una catapulta improvisada por una cuchara desechable, que poco a poco y como un juego muestra como las tapas desechadas de colores vivos van devorando el paisaje verde hasta hacerlo desaparecer. En su otro trabajo titulado “Efecto dominó”, es un video-retrato del Casco Antiguo de Ciudad de Panamá, un barrio que actualmente está sufriendo un proceso violento de urbanización que ha puesto en peligro su estatus de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. La cámara sigue la caída de una cadena de dominós hecha con adoquines viejos. El juego y la lúdica son fundamentales en el trabajo de Colon y Harker, el arte puede ser divertido y propiciar en el espectador esa sensación que tanto se disfruto en la niñez. Otras obras presentes en este salón también aluden al juego y el disfrute del ocio como estrategia artística, es el caso de Felipe Arturo (Bogota, Colombia. 1979) y Kevin Simón Mancera (Bogota, Colombia. 1982).

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Créditos fotográficos: Ministerio de Cultura

Retornar al origen

Las regiones son convenciones definidas de manera abstracta, delimitan áreas de una o más características comunes, ya sean de orden cultural, físico, humano, político o funcional; definen también una producción plástica particular, pero la condición de regional es de por si incierta ¿que define a un artista como regional? Su trayectoria, su residencia, su reconocimiento o su participación en eventos de carácter nacional o internacional. El Salón Nacional, es en teoría la suma de todas las regiones, pero como es sabido el total siempre es mayor a la suma de las partes; las pesquisas al interior de los Salones Regionales se dieron revisando cada una de las exposiciones que conformaron el programa de la versión 14 de los Salones Regionales en Colombia, a esto se suma los portafolios de los artistas participantes.

La región del Caribe colombiano siempre ha mantenido un interés importante en mi practica curatorial, después de realizar la investigación para el 14 Salón Regional de Artistas (2011-2012) con el grupo curatorial Atarraya, se da un retorno al origen revisando la producción plástica para este Salón Nacional desde otra mirada. Artistas consolidados y emergentes se sumaran al viaje, el Colectivo Octavo Plástico de Cartagena, conformado por Roberto Carlos Pérez (Cartagena, Colombia. 1986) artista plástico, Ana Victoria Padilla (Cartagena, Colombia. 1987) historiadora y a Emmanuel Julio Pinilla (Cartagena, Colombia. 1988) músico, desarrollan el proyecto “De_a pie” producción especial para este salón que explora el paisaje sonoro de la ciudad de Cartagena, como un recorrido por diversos planos de escucha en el entorno urbano que va registrando objetos sonoros, para configurar lo que el colectivo denomina como patrimonio sonoro de la ciudad. Complementa su trabajo un performance en espacio urbano denominado “[De_bajo de la lengua]” que se presento en la plaza Botero, frente al Museo de Antioquia.

Del patrimonio natural presente en el Caribe colombiano, surge la obra “Lacustre” del artista Germán Botero (Fresno, Colombia. 1946). La relación de Botero con el paisaje deviene de su trabajo escultórico con maderas de playa y de su serie “Palafitos” producto de los viajes de exploración al complejo lagunar de la Cienaga Grande de Santa Marta, dentro del proyecto Madreagua: Naturaleza – Arte – Comunidad desarrollado con el artista en el Museo Bolivariano (2010). Esta relación con el entorno de manglar y las poblaciones palafíticas de Nueva Venecia (Sitio Nuevo, Magdalena) dan paso a diversos proyectos que vemos exhibidos en maquetas, el Centro de Visitantes de Nueva Venecia (2010), Palafito, desarrollado para la Primera Bienal del Sur en Ciudad de Panamá (2013) y Lacustre que se produce en Medellín y que vemos instalado en el Jardín Botánico de la ciudad dentro del marco del 43 Salón (Inter) Nacional de Artistas.

La idiosincrasia del Caribe, sus costumbres y la cultura que construyen ese patrimonio inmaterial se ve representada también en el trabajo del artista Yussy Pupo (Barranquilla, Colombia. 1987) su performance titulado “El Tanque”, presenta una reflexión sobre las problemáticas urbanas especialmente de la ciudad de Barranquilla, en la obra el artista genera acciones dinámicas repetitivas que reflejan el contexto de la vida cotidiana y ponen a prueba la resistencia física del cuerpo, esta es una constante en la producción plástica del artista y también del acto performatico. El performance tiene fuerza y tradición en el Caribe colombiano, un artista que ha venido consolidando una carrera fuerte en este medio es Edwin Jimeno (Santa Marta, Colombia. 1974) consolidando una escuela alrededor de su Laboratorio de Investigación – Creación que desarrolla en el municipio de Santo Tomas, en el Departamento del Atlántico; dentro de sus discípulos se cuenta Yussy Pupo. Jimeno quien ha investigado a profundidad el horror de la guerra y el conflicto en Colombia, en su trabajo hace alusiones recurrentes a esta temática, en la obra que nos presenta en este Salón la denomina “Atragantado”, en la acción el artista asume una posición de crucifixión, en un artefacto que lo obliga a mantenerse en puntas de pie, la maquina torturadora apenas el artista descanse sobre sus talones lo obligará a tragar un falo arma en su boca, la alusión a la violencia sexual dentro del conflicto, es inmanente, catalogada por el Derecho Internacional Humanitario como delito de lesa humanidad y acto de tortura, estas prácticas sistemáticas, generalizadas y reiteradas, se han presentado en gran numero en la historia del conflicto en Colombia. Las investigaciones realizadas han permitido comprobar que no solamente las mujeres fueron atacadas por los ‘paras’, varios hombres, según denuncias, también fueron abusados sexualmente por miembros de Autodefensas.

Por el camino incierto

La violencia y los excesos de la guerra se convierten en el lado oscuro de esta exposición, el camino incierto que ha tomado el país. El conflicto en Colombia, la violencia de estado y la violación de los derechos humanos son temas que los artistas no pueden dejar de tocar, es también responsabilidad del artista pronunciarse sobre los temas que preocupan al país. María José Arjona (Bogota, Colombia. 1973) desarrolla su acción en el Museo de Antioquia titulada “Tiempo medio”, la artista reconocida internacionalmente presenta un trabajo inédito en este Salón, una acción de larga duración; la relación con el tiempo es directa y fundamental, la obra tiene una duración de 24 horas, este lapso de tiempo es el que las autoridades estipulan para poder declarar una persona como perdida o desaparecida. La acción realizada por la artista consiste en ir dejando improntas dentales sobre masa de arepas de maíz, como una metáfora del consumo. Pero a la vez, estas se convierten en cartas dentales, ficha odontoscópicas o carta odontolegal, esta ficha es el único recurso para poder identificar a los NN sepultados en las fosas comunes, que se han encontrado en diferentes lugares del país. Una vez terminada la acción las masas se conservan en la sala, generando un biodeterioro natural donde la artista se mantiene presente a través de esta materia, que por acción del ambiente se va convirtiendo en hongos y gusanos, de la misma manera que lo hace un cadáver en descomposición. Simultáneamente se realiza un registro diario en fotografía que evidencia el paso del tiempo y el deterioro de la materia como metáfora del cuerpo de la performer.

Medellín ha sufrido más que otras ciudades del país, las consecuencias de la violencia del narcotráfico, esta problemática se fue arraigando en las llamadas comunas, o favelas en las partes más altas de la ciudad, donde aún hoy en día a pesar de las políticas de inclusión y seguridad que ha emprendido la ciudad, se siente este fenómeno en las llamadas guerras de combos o pandillas. El artista Wilger Sotelo (Cartagena, Colombia. 1979) ha investigado el fenómeno de la violencia urbana y se adentra en el mundo de las pandillas y la delincuencia común, para recolectar armas hechizas o artesanales, la inventiva local ha venido perfeccionando cada vez más la construcción de estos artefactos, modelos, instrucciones de fabrica y videos circulan libremente por la red, lo que incentiva esta practica. El artista toma las piezas colectadas y realiza copias facsimilares en yeso; desde armas artesanales hasta fusiles AK47, sus replicas presentes en esta exposición fueron el resultado de su residencia de investigación en las comunas de Medellín. Sotelo indaga a los propietarios de estas armas, el fin y uso de ellas y algunos de esos testimonios son recogidos a puño y letra de los protagonistas en la obra.

Como consecuencia de la violencia del narcotráfico, también se dio en Medellín la presencia de sicarios, jóvenes que se convertían en asesinos a sueldo a servicio del narcotráfico y que encontraban en las motocicletas de alto cilindraje, el medio adecuado para evadir las autoridades. Esta forma de vida genera una cultura alredor de la motocicleta, tema que aborda el videoarte documental de Juan Fernando Herrán (Bogota, Colombia. 1963) titulado “La vuelta 1”. En este trabajo el artista indaga por esas formas de vida y la subcultura que genera, narra historias de los sicarios en las motos en los años 90’s cuando estaba en auge toda esta problemática y la intensa relación que se creaba entre ellos y la moto y la idea de que la motocicleta se convierte en una extensión corporal. Herrán, como artista ha tenido una relación muy fuerte con Medellín, ha explorado la ciudad desde adentro y ha desarrollado series fotográficas donde la ciudad y sus submundos son la temática de trabajo. En esta ocasión recurre al video para mostrar una faceta más de la ciudad.

Extraño en tierra extraña

La producción artística contemporánea en Colombia tiene su centro de producción y acopio en Bogota, muchos artistas migran de las diferentes ciudades del país a la capital con la idea de consolidar una carrera, otros se forman desde muy jóvenes en esta ciudad y se van asimilando al sistema local. Algunos de ellos se ubican como extraños en tierra extraña, al enfrentarse a un medio muy reducido y competido donde los circuitos son cerrados y establecidos de manera que ser visible es una tarea compleja. Dentro de esta diáspora de artistas encontramos el trabajo de Rafael Gómezbarros (Santa Marta, Colombia. 1972), el proyecto comisionado especialmente para este salón, se titula “Dialogo de sordos”, una instalación con dos motocicletas en movimiento con mecanismo de aceleración. A través de un pedal el artista invita al espectador a inyectar gasolina a las motos estáticas, para que tomen velocidad una contra la otra y generen ruido y contaminación, la metáfora es evidente a aquellos diálogos que se mantienen pero que en realidad nadie esta interesado en escuchar a nadie y solamente se mantienen como una cortina de humo. La crítica también recae sobre los medios de comunicación, que sirven de amplificador de este ruido que no permite que realmente se propicie un dialogo. Gómezbarros asume un lenguaje más industrial en esta pieza, que viene en consonancia con una serie anterior titulada “la especialidad de la casa” donde construye instalaciones con elementos cromados y utensilios metálicos de cocina como cucharas, en este caso la denuncia se centra en la problemática del hambre en el mundo como una vergüenza global.

La política y sus gobernantes también es el tema de la obra del colectivo originario de Popayán conformado por Fernando Pareja (Popayán, Colombia. 1979) y Leidy Chávez (Popayán, Colombia. 1984), en su obra titulada como “Opresores oprimidos” estos dos jóvenes artistas desarrollan un trabajo muy interesante por medio de la construcción de un dispositivo giratorio que ayudado por un efecto estroboscópico genera la ilusión de movimiento. El resultado a la vista del espectador es una serie de pequeñas figuras animadas en 3D, que disparan y se mueven como en un combate simulado.

Procedentes de Cali pero también radicados en Bogota encontramos el Colectivo Reproducciones, conformado por David Escobar (Medellín, Colombia. 1979) y Lina Rodríguez (Cali, Colombia. 1980) en su trabajo más orientado hacia la investigación y recuperación del patrimonio audiovisual, encontramos la pieza “Arte y política; la historia del Nadaísmo”. El Nadaísmo se constituyó en los años sesenta, como oposición literaria y filosófica al ambiente cultural establecido por la academia, la iglesia y la tradición colombiana, emparentado con varios movimientos vanguardistas que se gestaban de forma paralela en América latina y el mundo, el video del Colectivo Reproducciones realiza una entrevista al poeta nadaísta Eduardo Escobar, donde relata la vida del colectivo y las acciones que llevaron a generar diversas posturas y opiniones frente al cruce de poder y oposición, de políticos y rebeldes, empresarios y artistas, que tuvieron también mucha relevancia en el Medellín de la época.

Itinerario final

Aproximándonos a nuestro destino, el itinerario final se ve marcado por trabajos más orientados hacia el desconocer, la incertidumbre y la duda. El trabajo de Adriana Salazar (Bogota, Colombia. 1980), se debate precisamente entre la existencia y la muerte. Naturalezas muertas cobran vida, por medio de dispositivos mecánicos que la artista construye para dotarlos de movimiento. En la pieza que vemos en este Salón “Planta #31” se hace una nueva versión de la serie llamada “Plantas Móviles”, que surgió durante el curso de una residencia de la artista en Yamaguchi, Japón en 2011.

De otra parte el trabajo de José Olano (Cali, Colombia. 1985) denominado “Esculturas en tensión”, estas instalaciones, parten de objetos de un mundo familiar y conocido conformado por esos objetos que nos rodean, un universo donde creemos que ya nada nos puede sorprender, pero donde los objetos pueden salirse de lo normal y entrar en otro universo. Los vemos desde otra perspectiva que puede ser la fragilidad o la consistencia, los objetos instalados en el espacio, amenazan con venirse abajo ante la más minima intervención del espectador, ese principio de incertidumbre carga a la obra de una originalidad única, pues cada vez que la obra muta, se convierte en otra obra con referentes y significados diversos pero siempre fiel a la idea original de fragilidad y desequilibrio.

Acompañados del trabajo de estos artistas, partimos desde diversos confines recorrimos el Caribe, México y Centro America, llegamos a Colombia, escudriñamos en su región Caribe, Centro y Pacifico, para identificar los cruces de caminos que unen al arte latinoamericano. El dialogo sur – sur planteado en este salón se enriquece con la participación de artistas tanto nacionales como internacionales, esto permite consolidar un evento artístico, con la tradición que tiene el Salón Nacional, un evento con más de 70 años que debe ser relevante e importante en el circuito de las artes latinoamericano.

El arribo al destino final se da en la consolidación de una gran muestra con 108 artistas, que se pudo apreciar por dos meses en diversos espacios de la ciudad y que puso en tensión la producción plástica del momento tanto en Colombia como en la región. Este viaje fue un vistazo parcial y momentáneo al trabajo de artistas relevantes que esperamos haya dejado en el espectador recuerdos y memorias de una imponente muestra, un interesante proyecto editorial y una grata experiencia frente al arte de nuestros días, que los haya llenado de muchos saberes y con menos desconocimiento del arte y nuestros artistas.

 

JAVIER MEJIA

Co-curador

43 Salón (Inter) Nacional de Artistas

Medellín, Noviembre de 2013.

 

Más información en página del Salón: 43SNA